Riesgos biológicos de los agroquímicos

Redaccion 19/05/2021 - 21.46.hs

Muchas actividades económicas son extremadamente riesgosas para con el medio ambiente. La naturaleza viene siendo objeto de fuertes agresiones producto del desmedido afán de ganancia y la ausencia de controles por parte de las autoridades (in)competentes.
Pero parte de la sociedad humana ha reaccionado ante esos desmanes y crece la conciencia acerca de los cuidados necesarios para no romper los equilibrios naturales y evitar rupturas sin retorno. Un ejemplo conocido -entre muchos otros- es la desaparición del jaguar de vastos territorios sudamericanos donde enseñoreaba hasta apenas 150 años atrás. Hoy es una especie protegida y para encontrarlo en un hábitat natural hay que avanzar miles de kilómetros hacia el norte. La ausencia de este gran felino rompió y modificó la cadena alimentaria de vastas regiones del país y el continente. Otro ejemplo válido es el de la introducción del castor en Tierra del Fuego. Afortunadamente, por tratarse de una isla, la especie invasora no se expandió al continente en donde también hubiera tenido ámbitos favorables.
El ejemplo no es antojadizo y vale como ilustración frente a un suceso reciente que marca en forma dramática la interrupción descuidada del ser humano en la naturaleza. Un informe revelado días atrás muestra que la aplicación imprudente de agroquímicos ha producido malformaciones en anfibios en las zonas fumigadas. La inquietante noticia está fuera de toda duda ya que surge de una investigación de un equipo de científicos del Conicet, quienes alertaron sobre el hecho. Las conclusiones son producto de un estudio realizado durante cuatro años que es muy claro al mostrar los peligros que entraña el uso indiscriminado de insumos agrícolas de alta toxicidad, los que también afectan la salud humana. En el caso denunciado se observaron inquietantes alteraciones en las características genéticas y hepáticas de anfibios.
Desde luego que no se trata de una especulación alarmante sino más bien complementaria de evaluaciones anteriores sobre otros campos de estudio. El ejemplo más estremecedor -sobre el que no se sabe qué medidas se han tomado, pese a que lleva más de veinte años de ocurrencia- es el de la fumigación de áreas agrícolas, especialmente en el centro-sur de la provincia de Córdoba, en donde el promedio de enfermedades cancerígenas cuadruplicaba la media del país.
A poco que se preste atención, es fácil advertir las causas de semejantes alteración: la indiferencia de los responsables de las fumigaciones y de las autoridades encargadas de controlar, que transgreden las restricciones que la prudencia -y ahora la ley- imponen. A ello se suma el hecho de que no pocos actores de la actividad agrícola -y de la política- rechazan incluso las áreas protegidas que rodean a las escuelas rurales.
Se trata, en el fondo, de una problemática económica, instalada a partir de la concepción neoliberal que antepone el lucro de corto plazo por encima de cualquier otro valor, la vida humana inclusive. La afirmación de una de las investigadoras que realizaron el trabajo es una advertencia categórica: «la investigación es una alerta de lo que puede pasar, o ya está pasando, en las poblaciones humanas».

 

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