La pandemia y las noticias falsas

Redaccion 07/06/2021 - 21.13.hs

Nuestra provincia es, por estos días, un ejemplo que muestra la eficacia de las medidas de cuidado social ante el avance de la segunda ola de la pandemia. La tendencia decreciente en el número de contagios y fallecidos es fácilmente advertible, y si bien tal descenso está lejos de ser abrupto, es claro que se va consolidando con el paso del tiempo.
Es claro también que el avance de la vacunación contribuye a reforzar esta evolución positiva, pero no debe olvidarse que en muchas jurisdicciones, con niveles de inmunización similares a los pampeanos, los contagios siguieron creciendo debido a que no se adoptaron normas destinadas a reducir la circulación de personas en la vía pública.
La diferencia no es menor y la han resaltado hasta el cansancio los expertos en la materia. Para luchar con mejores resultados contra este virus que presenta niveles tan altos de propagación hay que acudir al despliegue de una combinación de dispositivos concurrentes. No alcanza con limitarse a uno de ellos e ignorar al resto. Los ejemplos de la Ciudad de Buenos Aires y las provincias de Córdoba y Santa Fe dejan enseñanzas contundentes. En los tres casos, por demorar en exceso la adopción de restricciones a la circulación de personas, crecieron desmesuradamente los números de contagiados y, con ello, los niveles de ocupación de camas en el sistema de salud llegaron a la temida saturación.
El comportamiento displicente que vienen exhibiendo los gobernantes de esos distritos no es fruto de la casualidad. Obedece a una estrategia electoral que parece despreciar el alto costo en vidas, en recursos humanos y sanitarios, y el bienestar general en aras de un posicionamiento político que tiene fuerte respaldo de los grandes medios de comunicación del país.
La celebración del Día del Periodista, que tuvo lugar en la víspera, es una buena oportunidad para hablar del ejercicio de una profesión que viene generando, y no sin razón, fuertes controversias. Las noticias falsas (fake-news) que circulan al por mayor en la prensa hegemónica porteña, no hacen más que aumentar la confusión y el desconcierto de amplias capas de la población que se informan a través de esas corporaciones mediáticas.
La circulación de noticias falaces a esa escala no es producto de la impericia o la indolencia; es deliberada. Se busca un efecto sin reparar en el daño que se provoca en la opinión pública. Así, el periodismo secuestrado por el poder económico se ha convertido en un arma para demoler gobiernos que no responden al proyecto de la derecha local y continental.
Desde luego, hay otra clase de medios y de periodistas que continúan ejerciendo la tarea de informar con rigor, siguiendo las reglas básicas de la profesión: la confrontación de fuentes y la verificación de datos. Y de opinar con apego a lo que esa metodología revela. Ello no implica ausencia de ideología, por supuesto.
La pandemia -con sus consecuencias dramáticas para la sociedad- puso en blanco sobre negro ambas formas de entender, y ejercer, el periodismo. La «batalla cultural», la denominan algunos. Tal confrontación en el campo de lo simbólico tiene consecuencias directas en el de la política. Lo vemos a diario.

 

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