Otra escandalosa operación mediática

Redaccion 03/06/2021 - 21.31.hs

Otra gran operación de prensa pergeñada por los grandes medios de comunicación porteños se puso en marcha en los últimos días. Una noticia falsa (fake-news) lanzada desde las tapas de los diarios, los portales de noticias y los programas de radio y televisión que operan en forma coordinada como si tuvieran un comando unificado, pretendió imponer la versión de que el gobierno nacional se opuso a la compra de la vacuna del laboratorio Pfizer a través del mecanismo Covax.
Pero lo más grave es que un anticipo de la desmentida de esa versión tóxica había sido difundida a las once de la noche, con lo cual al día siguiente era de esperar que se tuviera en cuenta. Ello no ocurrió, lo cual vuelve a mostrar la tirria que sienten por el gobierno del Frente de Todos y, peor aún, que funcionan en tándem haciendo trizas el concepto de «libertad de prensa», bandera que suelen enarbolar los gigantes mediáticos para defender la divulgación de mentiras, calumnias y operaciones que nada tienen que ver con el ejercicio del periodismo que confronta fuentes y chequea datos.
El director del sistema Covax -el Fondo de Acceso Global para Vacunas contra el Covid-19, una alianza global bajo la dirección de la Organización Mundial para la Salud- cuyas declaraciones habían sido distorsionadas por una diputada del PRO y amplificadas hasta el paroxismo por la prensa de la derecha, fue muy contundente en su aclaración. Pero, como de costumbre, el espacio dedicado a la desmentida fue minúsculo con relación al que insumió la falsa noticia.
«Las corporaciones mediáticas no hacen periodismo, hacen negocios», dijo un conocido periodista y director de un medio, en un encuentro nacional que tuvo lugar hace más de veinte años en Buenos Aires. En Argentina sobran los ejemplos. Los grandes grupos mediáticos se han especializado en coaccionar a los gobiernos para obtener enormes beneficios económicos, fusiones empresarias, adquisición de medios en colisión con las normativas, leyes a gusto y paladar de sus exigencias, etcétera. El caso más conocido, y más turbio, fue el de Papel Prensa durante la última dictadura, pero en democracia no descansaron y fueron por más. Su poder de daño es tan temido que hasta un sector nada menor del Poder Judicial opera como guardia pretoriana de sus intereses. La destrucción de la Ley de Medios Audiovisuales es una prueba. Tiene razón un conocido dirigente político y legislador español cuando afirma que «los grandes medios corporativos tienen secuestrada a la democracia». Lamentablemente los gobiernos que se dicen populares, con excepciones, poco y nada hacen para acotar la extrema posición dominante en el «mercado de la información» de estos monopolios. Solo las mentiras divulgadas sobre el «asesinato de Nisman» debería convencerlos de lo urgente y necesario de la empresa.
Como ayer los «fondos buitre», hoy es un gran laboratorio farmacéutico norteamericano el motivador de sus operaciones. Y en la defensa de esos poderosos intereses privados extranjeros no trepidan en embestir contra los gobiernos nacionales. Por esos valiosos servicios prestados nunca les falta, todos los años, la invitación para participar en los festejos del 4 de julio en la Embajada.

 

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